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La crisis entre nosotros

Publicado 19 Enero 2009 por José Gonzales

En el advenimiento de una de las presidencias más esperadas no sólo en Norteamérica, sino a nivel global, Barack Obama juramentará en pocas horas como el 44 presidente de los Estados Unidos de America a casi 50 años de los logros por los derechos civiles y casi 150 años del fin de la guerra civil norteamericanos.

Hijo de un académico keniata y una mujer liberal de Kansas, casado con una descendiente de esclavos norteamericana, Obama enfrenta en su transcendental presidencia la crisis económica más seria que le haya tocado vivir al planeta desde 1932. Y si bien esta crisis que ya estamos viviendo no llegue a ser de la misma dimensión que la “Gran Depresión” de los años treinta bien podría ser recordada a futuro como la “Gran Recesión” del Siglo XXI.

Los primeros indicadores: desempleo; ventas al detal; inflación; y actividad industrial en los Estados Unidos indican ya que la actividad económica norteamericana está llegando a un punto de decrecimiento significativo que está generando que los norteamericanos consuman menos y busquen ahorrar más, y lo mismo están haciendo sus contrapartes europeas, provocando que se siga deteriorando el crédito y con este los resultados de las instituciones financieras; los de industrias y actividades económicas diversas y los precios de las materias primas cuyo declive pareciera no tener fin.

La ausencia de consumo en las economías desarrolladas, el que había impelido el crecimiento global en los últimos años, y su impacto en el crecimiento de las economías emergentes implica que la prosperidad reciente en America Latina tenga que sufrir un ajuste temporal moderando la demanda regional.

De cara a la crisis entre nosotros, y de la que aun no hemos terminado de ver, aun, lo peor, los gobiernos de esta parte del hemisferio sur del continente bien deberían seguir el ejemplo de Peru y Chile que ya han planteado políticas que restringen la demanda privada de bienes “innecesarios” a tiempo que aplican medidas contra-cíclicas en función del gasto publico. Se trata en última instancia de preservar los recursos financieros de los últimos años de bonanza utilizándolos más bien para generar empleo y mantener la actividad económica en virtud de desarrollar infraestructura básica en beneficio de mayorías.

En el largo plazo, y de cara a las oportunidades que toda crisis debería, o acaso debe, ofrecer, esta crisis bien podría permitir que America Latina, contagiada ya de modernidad, pueda empezar a dar los primeros pasos para dejar de estar habitada por sociedad rentistas y empezar a poblarse de sociedades patrimoniales.

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