Hasta qué punto usted y su país pueden endeudarse
Publicado 12 Enero 2010 por Herman Sifontes
Para un economista, ésta es una pregunta que podría tener múltiples enfoques. Para un ciudadano la respuesta podría ser más obvia: hasta donde puede hacerlo frente a esa deuda con el producto de mi trabajo y mi patrimonio, diría con toda seguridad mi tía Judith. Pero los Estados tienen varias opciones para resolver sus problemas fiscales; unas más ortodoxas, como aumentar los impuestos de los ciudadanos, y otras más heterodoxas, como devaluar la moneda.
La reciente crisis financiera fue resuelta en su primera etapa aumentando el nivel de endeudamiento de los países desarrollados a niveles astronómicos, para así poder asistir a los sistemas financieros de las respectivas naciones a fin de evitar una depresión económica similar a la vivida en el año 1929 en Estados Unidos.
De un reciente artículo de la revista española Política Exterior, extraemos el siguiente comentario: “el volumen de deuda que puede asumir un Estado de desarrollo antes de que su peso lastre su economía y su moneda de manera intolerable, es un asunto sobre el que los economistas no se ponen de acuerdo. Pero dilucidar ese asunto es cada vez más urgente: los paquetes de estímulo fiscal y los rescates a la banca que muchos países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) han lanzado para evitar un agravamiento de la recesión, están llevando sus cuentas fiscales a extremos con pocos precedentes en el último medio siglo”.
Según estadísticas oficiales de Estados Unidos, el déficit fiscal de 2009 fue de 1,4 billones de dólares, el 9,9% del PIB y el más alto desde 1945, frente al 3,2% de 2008. Mientras que la deuda pública federal está en torno al 98% del PIB y podría superar el 100% -según previsiones del FMI- en 2019, cuando el pago de los intereses de la deuda devorará el equivalente al 3,8% del PIB, más del doble que a principios de esta década. Ese exceso de endeudamiento produce una inevitable pérdida de riqueza. Medido en euros, el PIB per capita de EEUU ha caído un 25% desde 2000, mientras que el de Alemania ha aumentado un 4%, con la que supera ya al de la superpotencia.
Según Kenneth Rogoff, ex economista jefe del FMI, la crisis financiera se ha “metamorfoseado en una crisis de deuda pública a largo plazo”. En Japón, años de estímulos fiscales han inflado el tamaño de esa deuda hasta el 200% del PIB. Pagar sus intereses absorbió el 20% del presupuesto japonés en 2008, frente al 10% del de EEUU. Y aún así, el gobierno nipón ha anunciado que emitirá nuevos bonos de deuda por valor de 550.000 millones de dólares.
Por primera vez desde 1945, el gobierno de Tokio percibirá este año más ingresos por sus ventas de bonos que lo que cobrará en impuestos. Esa espiral de endeudamiento está creando un exceso de oferta en los mercados mundiales de bonos: los países ricos absorberán en 2010 el 25% del ahorro mundial para financiar su deuda. En el peor de los escenarios, Japón podría sufrir una crisis fiscal, con el subsiguiente default y el colapso de yen.
Pero Japón tiene una ventaja en relación con EEUU: su elevada tasa de ahorro interno. Sólo un 10% de la deuda soberana japonesa está en manos de extranjeros -y la mitad de ella en poder del sector público-, frente al 46% de la de EEUU. Sin embargo, el progresivo envejecimiento de su población está reduciendo el ahorro. El yen representa hoy solamente el 3,08% de las reservas mundiales de divisas, frente al 6,4% de 1999.
Como se ve, el colosal endeudamiento que han dejado los esfuerzos por superar la crisis financiera impedirá que ésta pueda ser olvidado en los próximos años. Que una potencia económica como Japón tenga al default como uno de sus escenarios factibles dice mucho del verdadero impacto de esta conmoción global, así como de todo lo que hay que aprender de ella, y ni hablar de lo que hay que corregir en el mundo financiero.
Foto: quesigo.com











